12ªJornada

 
Albacete
1
  David Torres (77´)  
 
 

REAL OVIEDO
2
  Manu Busto (13´p), Aitor Sanz (31´)  
 
 
Real Oviedo
  1 Lledó
2
 
  14 Negredo
2
 
  30 Álvaro C.
2
 
  5 Juanma
1
 
  12 Owona
1
 
  6 Pelayo
2
 
  15 Xavi More
1
 
  21 Nano
1
 
  8 Aitor Sanz
3
 
  10 Manu Busto
2
 
  11 Martins
2
 
  23 Juanpa
1
 
  16 Falcón
1
 
  19 Oscar Martínez
1
 
 
 
Albacete
  1 Miguel
1
 
  2 Alba
1
 
  3 Santamaría
0
 
  4 Alba
1
 
  5 Zurdo
1
 
  6 Teté
2
 
  7 Alex Colorado
1
 
  8 Rocha
1
 
  9 Adriá
1
 
  10 Añón
0
 
  11 David Torres
1
 
  12 Summy
1
 
  13 Corto
1
 
 
   
 
 
 

0-1 (13´). MANU BUSTO de penal.
0-2 (31´). Golazo de AITOR SANZ.

 
 
 

Para muchos de los aficionados que ayer presenciaron el match en el Carlos Belmonte, el Real Oviedo jugó en la 1ª mitad el mejor fútbol de los últimos años, con intensidad en el fútbol, juego de toque, presión incesante y dominio de la pelota; y ese juego se tradujo en el 0-2 con el que se llegó al descanso que pudo ser más abultado. Los azules bajaron el pistón en la reanudación y Lledó volvió a rallar a gran altura; los últimos minutos con el tanto local, el sufrimiento y el nerviosismo fue una constante, pero al final el resultado no se movió.

Los azules con este triunfo se colocan en 5ª posición, a un solo punto de los puestos de promoción de ascenso a 2ª"A".

1ª mitad

NACHO AZPARREN Cuando los nostálgicos, los idealistas o los optimistas compulsivos se imaginaban hace unos años el camino del Oviedo por las categorías más humildes soñaban con partidos como el del Belmonte. Al menos en la primera parte. «Un equipo con esta historia detrás debe salir a ganar en todos los campos», se oía una y otra vez en el bar o sidrería de turno. La frase, además de pertenecer al manual de los tópicos del fútbol, encierra una verdad indiscutible: la actitud ganadora no debe abandonar a este equipo. Y precisamente actitud es lo que le sobró al Oviedo ayer. Queda relegada a un segundo plano la cuestión estética. Si a las dosis habituales de calidad se les suma la ambición tanta veces echada de menos en el inicio de competición, a los azules les debe bastar para estar entre los cuatro primeros. En Albacete, los de Pacheta defendieron con orden, atacaron de una forma vertiginosa y sometieron a uno de los favoritos al ascenso en su propio campo. Al menos en los 45 minutos iniciales, hay que insistir.

Ganar bajo estas premisas supone un golpe encima de la mesa. El Oviedo presentó ayer su candidatura explotando lo que mejor sabe, dejar al aire los defectos del rival. Hay una virtud en este equipo que sobresale por encima del resto: el Oviedo es capaz de oler la sangre. El mínimo error de los rivales se convierte automáticamente en una ocasión clara. Como el juego elaborado no ocupa las preferencias del técnico, la búsqueda de errores se convierte en el primer capítulo del método Pacheta. En Segunda B los fallos están a la orden del día. Algunos, más evidentes que otros. El Oviedo trata todos los errores de la misma manera, no es escrupuloso, acepta gustosamente la invitación. Al cumplirse los diez minutos lo demostró. Martins, un delantero que nunca rehúsa ningún esfuerzo, interpretó la cesión de Santamaría a Miguel como un divertido barullo al que apuntarse. Del jaleo salió victorioso el jugador senegalés, que sólo pudo ser derribado por el central. Penalti y expulsión clara que el colegiado, sin embargo, dejó en amarilla. La cita de Manu Busto con los nueve metros se resolvió de la manera más habitual, con el balón en la red.

El Oviedo se adelantaba sin apenas mostrar sus cartas. Buen síntoma. Plantear los partidos en el campo contrario tiene sus ventajas.

Martins pudo reafirmar su incansable trabajo con una ocasión inmejorable. Busto le puso un regalo en el área pequeña, pero el africano cabeceó fuera con todo a su favor. Lo que ocurrió a la media hora sí debe apuntarse a la hoja de méritos azules sin ningún tipo de matiz. Fue la mejor jugada del año de largo. Una rápida transición dejó a Álvaro en la posición de teórico extremo izquierdo. Donde a otros se les apagan las luces, el canterano encontró una manera de reivindicar que el Vetusta no es su lugar. Álvaro se fue de su par con un caño y cedió un balón de oro a Martins. El senegalés optó por una vez por la pausa y sirvió un balón a la frontal a Aitor Sanz, que el madrileño envió directamente a la escuadra local.

2ª parte

Poco más hubo hasta el final de la primera mitad. Tampoco en el inicio de la segunda. Se esperaba un Albacete intenso desde el primer minuto del segundo acto, pero el Oviedo apenas tuvo problemas hasta la recta final del partido. Para entonces el Oviedo ya había entregado el balón. De una forma descarada.

Los cambios efectuados por Pacheta no dieron aire al equipo. El Albacete empezó a llegar por tozudez. Añón desperdició la opción más clara ante Lledó tras un inoportuno resbalón de un imperial Álvaro. El meta azul volvió a aparecer un par de minutos después para sacar un remate bajo palos de Torres. El Carlos Belmonte rugió bajo el agua nieve.

A quince minutos del final se confirmó lo inevitable: no existe relajación posible para el Oviedo. Está impreso en su ADN. David Torres sí acertó esta vez en la boca de gol y la defensa azul se preparó para el chaparrón. Sobresalieron entonces Negredo y Juanma como actores principales de un gran bagaje defensivo colectivo.

Con algún sobresalto lógico, el Oviedo alcanzó el final del partido. Estalló la alegría en la expedición azul, mitad suspiro de alivio, mitad grito reivindicativo. La expedición azul lo celebró con los valientes allí desplazados con gestos de alegría. El «¡Volveremos!» volvió a escucharse en la grada. La exageración volvió a apoderarse del oviedismo. Esta vez, en su vertiente más positiva.DIRECTO



 
 
 

 


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